sábado, 27 de septiembre de 2014
¿enseñar o no la cursiva en la escuela?
Santa Fe | Sábado 13 de setiembre de 2014 | 08:04 hs
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Edición Online | 16-06-2013 | 18:15
TENSIONES PEDAGÓGICAS ENTRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD
En las
escuelas, la cursiva aún resiste al imperio de la imprenta
La letra manuscrita se enseña en las primarias con entusiasmo, pese al
masivo uso de la imprenta en la secundaria y la vida adulta. Sus defensores
dicen que es clave en la alfabetización. Sus detractores, que ya no aporta al
aprendizaje escolar.

Trazos con vigencia. La enseñanza de la letra
cursiva tiene una llamativa vigencia en las escuelas primarias de la ciudad.
Foto: Archivo El Litoral
Luciano Andreychuk
landreychuk@ellitoral.com
Desde Gutenberg y
el homus typographicus hasta la actual revolución digital, la imprenta rige
casi todos los medios de comunicación escrita: libros, páginas web, chat y
mensajes de texto, todo texto escrito circula hoy sobre las reglas formales de
la imprenta. Y la letra cursiva, aquel tradicional sistema de escritura
manuscrita con grafías continuas e inclinadas, parece haber quedado en los
sótanos vetustos de la modernidad. “Lamentablemente un día la cursiva pasará a
ser como el latín”, pronosticó un académico hace un tiempo. Quizás eso pase, o
no; al menos, todavía no.
Aunque algunos
apocalípticos de la lengua le han dado su certificado de defunción, la letra
cursiva todavía despierta entre los docentes de las escuelas primarias de la
ciudad un llamativo entusiasmo: se enseña rigurosamente desde 1er. y 2º grados,
y en algunos casos desde sala de 5. Todo ello pese a que, ya en la secundaria,
la mayoría de los chicos internalizarán como “letra natural” a la imprenta:
porque todos los textos (en papel y digitales) a los que acceden están escritos
en ese tipo de escritura.
No hay una
normativa provincial específica que obligue a las escuelas a enseñar la
cursiva. De hecho, en el diseño curricular del nivel primario no hay alusión
explícita a esta letra. De todos modos, desde la cartera educativa provincial
se reconoció que la enseñanza de esa letra “está comprendida dentro del proceso
de alfabetización de los niños. Es una parte intrínseca al hecho de aprender a
leer y escribir, y por tradición escolar se deben enseñar los 4 tipos de letras
(imprenta mayúscula y minúscula, y cursiva mayúscula y minúscula)”, indicaron
desde el ministerio.
Por las escuelas
“En el 1er. grado,
para el trabajo inicial de alfabetización usamos la imprenta mayúscula. Porque
los trazos de cada letra del abecedario son más rectos y más fáciles de
aprender. Pero después, progresivamente, empezamos a incorporar la enseñanza de
la cursiva como continuación de la alfabetización. En 2º grado se va reforzando
la práctica: es una letra que hay que trabajarla mucho, por los trazos redondos
y estilizados, por su grafía especial”, cuenta a El Litoral María Alejandra
Friggeri, docente de 1er. grado de la escuela J. J. Paso.
“Para que se
familiaricen con esta escritura, hacemos que los nenes resalten con color la
mayúscula, vean la longitud del enunciado, que cada palabra esté unida, que la
oración empiece con una letra mayúscula y termine con un punto. Así van
apropiándose de la cursiva”, aporta Roxana Cabrera, directora de esa
institución.
Psicomotricidad
fina
También en la
escuela IV Centenario, en 1er. grado se usa la imprenta mayúscula para empezar
a alfabetizar, por la facilidad de los trazos rectos: “Es lo que se llama
psicomotricidad fina en la fase inicial de la alfabetización. Luego se hace un
traspaso a la imprenta minúscula. Y al final de 2º grado se enseña la cursiva,
que creemos debe seguir promoviéndose en las escuelas”, dice Gloria Arce,
vicedirectora.
Ya en el 6º y 7º
grados queda a criterio de cada chico qué letra usar. “Por lo que vemos, ya
siendo más grandes todos terminan incorporando la imprenta, para leer libros,
para usar Internet o demás dispositivos tecnológicos, tan en boga por estos
días. Se inclinan naturalmente a la imprenta, y es lógico. Pero desde 2º grado
todos los chicos deben saber usar la cursiva”, dice Arce.
En muchas privadas,
la enseñanza de la cursiva también tiene una notable vigencia. Por ejemplo, en
el Colegio Adoratrices se empieza a practicar ya en sala de 5 años. “Allí, con
los pequeños se trabaja mucho la alfabetización; entonces llegan con un buen nivel
de práctica a 1er. grado. Por eso se les hace más sencillo aprender la
escritura en cursiva”, comenta Ana Cattena, directora del nivel primario de esa
institución.

Las letras cursivas del alfabeto latino. Imagen:
Wikipedia.org
Cursiva, ¿para qué?
Si en la
adolescencia y en la adultez la letra a utilizar será la imprenta, ¿qué sentido
pedagógico tiene seguir enseñando la letra cursiva? “La enseñanza de esta letra
activa procesos mentales complejos de comprensión y de pensamiento muy
necesarios, porque son una apoyatura clave para aprender otros saberes”, opina
Claudia Pascualón, vicedirectora del nivel inicial y primario del Colegio
Nuestra Señora del Calvario.
“Todo tiene un
fundamento psicológico: la unión de letras y la separación de las palabras favorece
otro tipo de aprendizajes. Además, es un tipo de escritura muy personal, íntima
y emocional”, resalta la vice. En esa institución la cursiva se enseña en los
primeros grados y recién en 5º ó 6º grados se les permite a los chicos optar
qué letra usar en sus carpetas. “Pero primero, deben manejar por igual los 4
tipos de letras. La cursiva se enseña y se evalúa como un contenido más”,
aclara Pascualón.
Un contrapunto
La pregunta que
abre el debate es: en un contexto donde predominan la letra imprenta, y su uso
se extiende a los textos de todos los soportes (libros, computadoras, celulares
y demás dispositivos electrónicos), ¿en qué contribuye la enseñanza de la letra
cursiva? ¿Cuál es su sentido pedagógico, su aporte? Hay dos posturas pedagógicas
que colisionan, y ahí el contrapunto.
Los “detractores”
de la cursiva sostienen que como todos los entornos de escritura (en papel o
virtuales) se rigen y regirán por la imprenta, no sería grave prescindir de su
enseñanza en las escuelas. Afirman que no tiene mucho asidero con la realidad
educativa que se siga enseñando algo que no se va a usar en la vida adulta; y
que si a la actividad del alumno se le suman cuestiones formales y de estética
grafológica, se lo distrae de lo principal: que se alfabetice, que aprenda a
escribir correctamente.
Pero los defensores
de la letra manuscrita tienen sus argumentos: dicen que ésta ayuda a ejercitar
las funciones del cerebro que dan fluidez en el manejo de los símbolos. Que
aprender y practicar la letra cursiva activa operaciones cerebrales complejas,
que aportan a la comprensión de textos y al pensamiento interpretativo durante
la edad escolar.
Norman Doidge,
psiquiatra e investigador en la Universidad de Columbia (EE.UU.), afirma en su
libro The Brain that Changes Itself (El cerebro que se cambia a sí mismo) que
“la ejercitación cerebral para estimular las neuronas en el área premotora del
cerebro incluye trazar líneas complejas”. Y que “los ejercicios de trazado
mejoran notoriamente a los niños en las tres áreas: el habla, la escritura y la
lectura (...)”.
“La unión de letras y la separación de las palabras favorece otros
aprendizajes. Es una escritura muy personal y emocional”
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